Romero Polo, la empresa familiar leridana, prevé superar los 200 millones de euros de facturación en 2026, según ha anunciado su consejera delegada, Patricia Romero. No es una promesa política ni un plan sobre el papel: son cuarenta años de trabajo que han convertido un proyecto doméstico en un referente del tejido empresarial de Lleida. La compañía, fundada en 1984 en el salón de una casa familiar, suma actualmente 720 trabajadores y planea aumentar su plantilla entre un 4% y un 7% el próximo año, en función de las nuevas licitaciones que logre adjudicarse.

Los números hablan por sí solos. La facturación estimada para 2025 se sitúa en 180 millones de euros, y el salto por encima de los 200 millones en 2026 representa un crecimiento superior al 11% en solo doce meses. En un contexto de inflación, tipos de interés elevados y una burocracia autonómica que a menudo frena la iniciativa privada, estas cifras demuestran que en Lleida sí se puede crecer con gestión seria y sin depender de subvenciones públicas.

Patricia Romero lo expresó con claridad en declaraciones recogidas por el diario Segre: «Un proyecto de personas, porque son el centro de la compañía». La empresa ha diversificado su actividad en tres grandes áreas: construcción (60%), conservación de carreteras e infraestructuras (20%) y servicios (20%). Dentro de la construcción, el 70% de la facturación procede de obra pública y el 30% restante de obra privada. Esa combinación le permite mantener una cartera de pedidos estable y seguir contratando.

Romero Polo supera los 200 millones de facturación

El crecimiento no es fruto de la especulación financiera ni de operaciones de alto riesgo. La compañía ha reinvertido sus beneficios de forma prudente y ha apostado por la formación y la estabilidad laboral. En un sector donde la rotación de personal y la precariedad son habituales, Romero Polo mantiene una plantilla fija con condiciones salariales dignas. Eso explica que, mientras otras empresas del ramo sufren para encontrar trabajadores cualificados, esta firma pueda planificar un incremento de entre 30 y 50 empleados el año que viene.

El mercado lo reconoce. La empresa ha logrado hacerse con contratos públicos en toda Cataluña compitiendo en igualdad de condiciones, sin privilegios ni tratos de favor. Y lo ha hecho en un entorno administrativo que no siempre facilita las cosas: la inseguridad jurídica generada por años de deriva independentista y una Generalitat más pendiente de la agenda política que de la eficiencia económica han sido obstáculos reales. Pero Romero Polo los ha sorteado con gestión profesional, no con pancartas.

Proyectos que transforman Lleida

La presencia de la compañía en la ciudad es tangible. Uno de sus proyectos más visibles es el centro comercial Sur-42, conocido como Promenade, que ha cambiado la fisonomía de la zona sur de Lleida. Pero no es el único. La empresa ejecuta actualmente la ampliación del bloque quirúrgico del Hospital Universitario Arnau de Vilanova, una infraestructura sanitaria clave para toda la provincia. También ha logrado el contrato de firme para carreteras en Esterri, lo que demuestra su capacidad para ganar licitaciones en el ámbito rural.

Además, la nueva división inmobiliaria ya ha puesto en marcha la promoción de ocho viviendas en la ciudad de Lleida, una apuesta por el mercado residencial que busca diversificar ingresos sin caer en la especulación. Todos estos proyectos generan empleo local, actividad para subcontratas y riqueza que se queda en la provincia.

El origen: del salón de casa a la expansión

La historia de Romero Polo es la de una empresa familiar que empezó cuando el padre de Patricia Romero fundó la compañía en 1984, literalmente en el salón de su casa. Cuarenta años después, la empresa factura 200 millones de euros y da empleo a más de 700 personas. No hay trampa ni cartón: es el resultado de una gestión prudente, reinversión de beneficios y una apuesta decidida por el talento local.

Frente al discurso victimista que domina parte de la política catalana, esta empresa demuestra que el éxito no necesita promesas de independencia ni culpar a España de los problemas. Romero Polo compite, invierte y contrata dentro del marco constitucional, sin complejos y sin esperar que nadie le regale nada. La lección es clara: el verdadero motor de Lleida no son los planes quinquenales de la Generalitat, sino la iniciativa privada que sortea la burocracia y la inseguridad jurídica.

Reflexión: el motor de la iniciativa privada

Mientras el debate político catalán se enreda en cuestiones identitarias que no generan empleo ni riqueza, empresas como Romero Polo siguen tirando del carro. La pregunta que deberían hacerse los responsables políticos es obvia: ¿cuántas empresas como esta podrían surgir en Lleida si el entorno administrativo fuera más ágil, la fiscalidad menos asfixiante y la inseguridad jurídica menor? La respuesta es incómoda para quienes gobiernan.

Romero Polo no es una excepción. Es un ejemplo de lo que funciona en Cataluña: trabajo, inversión y gestión profesional. El resto es ruido. Y mientras el ruido político no se traduzca en hechos concretos, la economía real seguirá demostrando que Lleida crece a pesar de sus gobernantes, no gracias a ellos. Con 200 millones de facturación y 720 empleados, Romero Polo es la mejor prueba de que en Lleida se puede triunfar sin esperar a que nadie venga a salvarla.