El conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper, ha dibujado esta semana un futuro radiante para Lleida. En una entrevista concedida a este diario, afirmó sin titubeos que «Lleida es la demarcación con mayor capacidad para crecer de toda Catalunya» y señaló el polígono Torreblanca como «la pieza industrial más importante que hay en Catalunya a día de hoy». Un mensaje que, en un contexto de crisis energética, inseguridad creciente y fuga de empresas hacia Aragón, suena más a propaganda institucional que a diagnóstico realista. Porque mientras el conseller vende un futuro de «talento industrial» y «gobernanza ejemplar», los transportistas de Lleida exigen carreteras en condiciones, los empresarios denuncian cortes de luz constantes y el aeropuerto de Alguaire sigue siendo un monumento al despilfarro público. Analicemos, dato por dato, qué hay de cierto en el optimismo de Sàmper y qué prefiere omitir.

El polígono Torreblanca: ¿oportunidad real o espejismo burocrático?

Sàmper no escatima elogios hacia Torreblanca. Lo define como «la pieza industrial más importante que hay en Catalunya a día de hoy» y asegura que la Paeria y la Generalitat trabajan «de forma conjunta» para desarrollarlo. Incluso «hace un llamamiento directo a los ayuntamientos de la provincia para que vean en Torreblanca una auténtica oportunidad para crecer también a nivel industrial y económico».

Sin embargo, el conseller omite un detalle crucial: Torreblanca lleva años en el papel, pero su desarrollo real avanza a paso de tortuga. Mientras tanto, las empresas que necesitan suelo industrial no esperan. Según datos del Consell de Cambres, Lleida lideró el crecimiento económico en Catalunya el año pasado, pero ese crecimiento se produce sobre una base frágil: la falta de suelo industrial preparado está empujando a muchas compañías a instalarse en Huesca, donde los polígonos están operativos, los trámites son más ágiles y los costes energéticos, más bajos.

El llamamiento de Sàmper a los ayuntamientos suena a reconocimiento implícito de que el proyecto no avanza solo. Si Torreblanca fuera realmente la prioridad que dice ser, no necesitaría un ruego público a los alcaldes para que se sumen. La realidad es que, sin infraestructuras de conexión, sin seguridad jurídica y sin un plan energético solvente, el polígono corre el riesgo de convertirse en otro macroproyecto fallido, como tantos que ha visto esta tierra.

La universidad como coartada: talento que se forma y se va

El conseller destaca la Universitat de Lleida como «ecosistema» para «generar y movilizar talento industrial». No le falta razón: la UdL forma profesionales de calidad, y su vinculación con el tejido productivo es creciente. Pero aquí surge la pregunta incómoda: ¿dónde acaba ese talento?

Mientras Sàmper habla de «movilizar talento industrial», los datos del INE muestran que Lleida sigue perdiendo población joven cualificada, que emigra a Barcelona, Madrid o al extranjero en busca de oportunidades. La UdL puede generar ingenieros, pero si no hay empresas que los contraten con salarios competitivos y condiciones atractivas, ese talento se fuga. Y la fuga no se detiene con polígonos en proyecto: se detiene con empresas instaladas, con inversión real y con un entorno que invite a quedarse.

El «ecosistema» que menciona Sàmper necesita algo más que buenas intenciones. Necesita seguridad jurídica, infraestructuras de transporte que conecten Lleida con los mercados europeos, y un suministro eléctrico fiable. De eso, el conseller no dice nada.

El aeropuerto de Alguaire: el elefante blanco que nadie quiere ver

Quizás el punto más revelador de la entrevista es cuando Sàmper se refiere al aeropuerto de Alguaire. Lo califica de «infraestructura fantástica, muy bien ejecutada, pero históricamente infrautilizada». Y lo vincula a la «Estratègia Catalunya Espai 2026-2030» para el sector aeroespacial.

Infrautilizada es un eufemismo. Alguaire es un agujero negro presupuestario que ha costado cientos de millones de euros a los contribuyentes catalanes y que apenas mueve pasajeros. Su vinculación con el sector aeroespacial suena a enésimo intento de darle una utilidad que nunca ha tenido. Mientras tanto, los ciudadanos de Lleida siguen sin tener un aeropuerto que les conecte con Madrid o con Europa de forma competitiva.

Sàmper promete que la nueva estrategia espacial catalana dará contenido a Alguaire. Pero los precedentes no invitan al optimismo. Cada gobierno independentista ha tenido su propia «solución mágica» para el aeropuerto, y todas han fracasado. La pregunta es: ¿por qué iba a funcionar esta vez? Sin una conexión ferroviaria digna con Barcelona y sin un plan de negocio realista, Alguaire seguirá siendo lo que es: un monumento a la mala planificación y a la propaganda.

La gobernanza del G10: ¿ejemplar o cómplice del inmovilismo?

Sàmper cita al grupo G10 como «sistema de gobernanza ejemplar» donde están «sindicatos, patronales, universidad». Un foro de diálogo social que, según el conseller, demuestra que en Lleida se hacen bien las cosas.

Sin embargo, el G10 lleva años reuniéndose y los problemas estructurales de Lleida siguen sin resolverse. Los transportistas exigen mantenimiento de carreteras y vías alternativas tras la vuelta de los peajes, como publicaba este mismo diario el mismo día de la entrevista a Sàmper. Los empresarios denuncian cortes de luz que paralizan la producción. Y los vecinos de los barrios más castigados por la inseguridad ven cómo los Mossos d’Esquadra no dan abasto.

Si el G10 es el modelo de gobernanza ejemplar, quizás habría que preguntarse qué significa «ejemplar» para el conseller. Porque para los ciudadanos de Lleida, ejemplar sería que las promesas se cumplieran, que las empresas no se fueran a Huesca y que el aeropuerto dejara de ser un agujero presupuestario.

El dato que contradice el discurso: crecimiento sin arraigo

El Consell de Cambres apunta que Lleida lideró el crecimiento en Catalunya el año pasado y que puede repetir este 2026. Sàmper utiliza este dato como aval de su optimismo. Pero el crecimiento económico no siempre equivale a desarrollo sostenible.

Lleida crece, sí, pero lo hace sobre una base precaria. El crecimiento está impulsado por sectores como la logística y la agroindustria, que generan empleo pero no siempre de calidad. Mientras tanto, la industria manufacturera pierde peso, las empresas familiares cierran y los jóvenes se marchan. El crecimiento que vende Sàmper es un crecimiento sin arraigo, que no fija población ni genera riqueza estable.

Además, el conseller omite el factor seguridad. La inseguridad ciudadana es una de las principales quejas de los empresarios leridanos, que ven cómo los robos en polígonos industriales y las ocupaciones de naves ahuyentan la inversión. Sin un plan serio de seguridad, el crecimiento que predica Sàmper será siempre frágil.

Conclusión: el discurso del conseller necesita más datos y menos propaganda

Miquel Sàmper ha hecho un ejercicio de optimismo institucional que, a estas alturas, resulta difícil de compartir. Lleida tiene potencial, nadie lo niega. Pero el potencial no se convierte en realidad con declaraciones grandilocuentes y proyectos en el papel. Se convierte en realidad con inversiones reales, con infraestructuras que funcionen, con seguridad jurídica y con un gobierno que no mienta a sus ciudadanos.

El conseller habla de Torreblanca como la gran oportunidad, pero no dice cuándo estará operativo. Alaba la UdL, pero no explica cómo retener el talento que forma. Defiende Alguaire, pero no reconoce el fracaso que ha sido. Y presume del G10, pero no resuelve los problemas que denuncian transportistas y empresarios.

Los ciudadanos de Lleida merecen algo más que discursos. Merecen hechos. Y mientras el conseller venda espejismos, la realidad seguirá mostrando una provincia que pierde empresas, que sufre cortes de luz y que ve cómo sus jóvenes se marchan. El crecimiento que predica Sàmper solo será real cuando deje de ser propaganda y se convierta en una política pública concreta, medible y verificable. Hasta entonces, su optimismo sonará a lo que es: un intento de maquillar una realidad que, para muchos leridanos, sigue siendo muy dura.