Tàrrega, Lleida — Sesenta personas y treinta tractores bloquearon ayer durante cuatro horas la carretera C-14 a su paso por Tàrrega, en el segundo corte de la misma vía en menos de una semana. La protesta, convocada por las organizaciones agrarias Asaja, Unió de Pagesos y Joves Agricultors, no fue un aviso: fue un ultimátum. Mientras el conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, se sienta hoy a negociar en Montblanc, los agricultores ya han anunciado nuevos cortes para el próximo fin de semana en la C-12 a la altura de Maials. La reunión de hoy no es un diálogo, sino la última oportunidad para que la Generalitat demuestre si está dispuesta a gobernar o solo a prometer.
Segundo corte en la C-14: el campo ya no cree en las palabras
El bloqueo de la C-14 se produjo entre las 17:00 y las 21:00 horas del jueves, según confirmó Segre. Los Mossos d’Esquadra desviaron el tráfico por itinerarios alternativos, evitando colapsos, pero el mensaje fue claro: los payeses están dispuestos a paralizar la provincia si el Govern no actúa. No es una movilización improvisada. Es la segunda vez en siete días que los agricultores cortan esta carretera, una arteria clave para la comarca de l’Urgell.
El presidente de Asaja, Pere Roqué, fue tajante ante los medios: “No queremos más reuniones, sino soluciones”. Y añadió una advertencia que sonó a sentencia: “Si no conseguimos lo que pedimos, la próxima semana volveremos a movilizarnos”. Las palabras de Roqué no son retórica. Detrás hay una base social cansada de promesas incumplidas y de una Administración que, según denuncian, esquiva el problema de fondo.
Las exigencias: conejos, ZEPAS y un plan de choque que no llega
Las reivindicaciones de los agricultores son concretas y medibles. Exigen, en primer lugar, un plan de choque urgente para reducir la sobrepoblación de conejos y otras especies cinegéticas que están destrozando los cultivos. No es un problema menor: las plagas de conejos se han disparado en los últimos años, especialmente en las comarcas de l’Urgell, la Segarra y el Pla d’Urgell, donde los daños a los cereales y los frutales se cuentan por millones de euros.
En segundo lugar, reclaman compensaciones económicas por las pérdidas en las cosechas. Una demanda que choca con la falta de presupuesto específico por parte de la Generalitat, que hasta ahora ha respondido con ayudas genéricas y lentas en su tramitación.
Pero el punto más espinoso es la exigencia de una reunión con el departamento de Territorio para abordar la gestión de las Zonas de Especial Protección de Aves (ZEPAS). Josep Maria Pijuan, de Unió de Pagesos, fue muy claro: “No sabemos nada de ellos. Esperamos que den un paso adelante y dejen de esquivar el problema de las zepas”. La referencia a Territorio es clave: son los responsables de la planificación ambiental que, según los agricultores, impide aplicar medidas de control de fauna en zonas protegidas. Un conflicto que enfrenta la producción agraria con las políticas de conservación, y que la Generalitat lleva años sin resolver.
La reunión de Montblanc: un ultimátum, no una negociación
La cita de esta tarde en Montblanc con el conseller Ordeig no es, por tanto, una mesa de diálogo. Es un examen. Los payeses llegan con las exigencias sobre la mesa y con la convicción de que, si no obtienen respuestas concretas, volverán a las carreteras. Y no será solo la C-14: ya han convocado cortes en la C-12 a la altura de Maials para el viernes y el domingo próximos, según ha adelantado Segre.
Ordeig, que accedió al cargo en el último reajuste del Govern de Salvador Illa, se enfrenta a su primera gran prueba de fuego. Hasta ahora, su departamento ha optado por un perfil bajo, con declaraciones genéricas sobre la necesidad de “diálogo” y “búsqueda de soluciones consensuadas”. Pero los agricultores ya no se conforman con palabras. Quieren un plan de choque con fechas, presupuesto y responsables.
El contexto: una crisis agraria que no es solo de conejos
Detrás de estas movilizaciones hay una crisis estructural que va mucho más allá de los conejos. El sector primario de Lleida arrastra años de rentabilidad menguante, costes de producción disparados, sequía recurrente y una burocracia administrativa que asfixia a las explotaciones familiares. Las ZEPAS son solo la punta del iceberg: los agricultores denuncian que las restricciones ambientales se aplican sin compensación ni diálogo previo, y que la Generalitat prioriza la protección de la fauna sobre la supervivencia de las explotaciones.
El independentismo, que durante años ha utilizado el campo como bandera identitaria, ha sido incapaz de ofrecer soluciones reales. Los payeses que hoy cortan carreteras no son radicales ni antisistema: son ciudadanos que han visto cómo sus cosechas se pierden, sus ingresos se reducen y sus reivindicaciones se ignoran. Y han decidido que ya no esperarán más.
Reflexión final: o soluciones o tractoradas
La reunión de Montblanc no es un punto de inflexión, sino un espejo en el que la Generalitat debe mirarse. Si Ordeig sale de la cita con un compromiso firme, con un plan de choque dotado económicamente y con una fecha para sentarse con Territorio, el campo leridano puede dar un respiro. Si, por el contrario, el conseller vuelve a esconderse tras el “diálogo” sin concreción, las tractoradas volverán a paralizar las carreteras de la provincia.
Los ciudadanos de Lleida, que ya sufren los cortes de tráfico y que ven cómo el campo, motor económico de la demarcación, se hunde, merecen un Govern que gobierne. No más promesas, no más reuniones vacías. O la Generalitat actúa con decisión, o los tractores ocuparán las carreteras hasta que lo haga. La paciencia, en el campo leridano, se ha agotado.