El conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, prometió este lunes en Montblanc un plan de choque para agosto que reduzca «drásticamente» la sobrepoblación de conejos en el Segrià y el Urgell. Los agricultores, que ya han visto anuncios similares incumplirse, deciden esta misma noche si las promesas bastan para desconvocar las movilizaciones que ya han cortado dos veces la C-14 en Tàrrega.

La reunión, celebrada en la capital de la Conca de Barberà, enfrentó al conseller con unas organizaciones agrarias que han dejado claro que no quieren más reuniones, sino soluciones. El dato que condensa la tensión: los campesinos se juegan la cosecha de este verano, y el calendario del Govern promete medidas en agosto y compensaciones en otoño. Un desfase temporal que huele a tacticismo político cuando los cultivos arden bajo el sol de Ponent.

El anuncio: un plan de choque para agosto, compensaciones para otoño

Según la información publicada por Segre, el conseller Ordeig se comprometió a poner en marcha durante el mes de agosto un plan de choque para reducir «drásticamente» la sobrepoblación de conejos en las comarcas del Segrià y el Urgell. La plaga, que los agricultores denuncian como insostenible desde hace meses, ha provocado pérdidas millonarias en cultivos de fruta dulce, cereales y forrajes, y ha llevado a los payeses a cortar la carretera C-14 en dos ocasiones durante las últimas semanas.

El plan incluye, además, una promesa para otoño: la presentación de una «propuesta de compensaciones» por los daños causados por la fauna salvaje, así como la «flexibilización» de restricciones como las limitaciones al riego en las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Estas zonas, diseñadas para proteger especies como el sisón o la avutarda, han sido señaladas por los agricultores como un obstáculo burocrático que impide una gestión eficaz de los cultivos y, según denuncian, favorece la proliferación de conejos al limitar las labores agrícolas.

El conseller, sin embargo, no ofreció cifras concretas sobre el presupuesto del plan ni detalló qué métodos se emplearán para el control de la población de conejos. La ambigüedad del anuncio, en un contexto de máxima tensión, deja a los payeses con la duda de si el Govern está dispuesto a pasar de las palabras a los hechos.

La decisión de esta noche: movilizaciones en vilo

La reunión de Montblanc no fue un punto final, sino un alto en el camino. Las organizaciones agrarias convocantes de las movilizaciones han anunciado que esta misma noche, tras analizar las propuestas del conseller, decidirán si mantienen o desconvocan las protestas. La decisión se tomará en asambleas locales y en contactos directos con los agricultores de base, que son quienes han sufrido en primera persona los daños de la plaga.

El precedente inmediato es el segundo corte de la C-14 en Tàrrega, una acción de protesta que logró paralizar el tráfico en una de las vías principales de comunicación de las comarcas de Ponent. Los payeses demostraron entonces que están dispuestos a llevar la presión hasta las últimas consecuencias si no ven resultados. La pregunta que flota en el aire es si el plan de choque de Ordeig es suficiente para calmar los ánimos o si, por el contrario, se percibirá como un nuevo parche que no aborda el problema de fondo.

La tensión se agrava por el contexto de infraestructuras dañadas que ya denunció Segre en su edición del mismo lunes: el robo de cobre en la línea R13-R14 entre Lleida y Les Borges Blanques obligó a cortar la circulación de trenes, afectando a la movilidad de los trabajadores del campo y a la logística de distribución de productos agrícolas. La crisis de los conejos no es un problema aislado, sino que se suma a una larga lista de agravios que los agricultores de Lleida arrastran desde hace años: sequía, burocracia ambiental, falta de relevo generacional y precios que no cubren los costes de producción.

ZEPA, conejos y la burocracia que asfixia al campo

La mención a las ZEPA en el anuncio de Ordeig no es casual. Estas zonas de protección, establecidas en aplicación de la Directiva de Aves de la Unión Europea, han sido objeto de una creciente contestación por parte de los agricultores de Lleida, que consideran que las restricciones impuestas son desproporcionadas y no tienen en cuenta la realidad productiva de las comarcas de Ponent.

En el Segrià y el Urgell, las ZEPA abarcan amplias extensiones de cultivos de regadío, donde la presencia de aves esteparias como el sisón o la avutarda justifica limitaciones al riego, a los tratamientos fitosanitarios y a las labores de desbroce. Los agricultores sostienen que estas restricciones, sumadas a la falta de control de depredadores naturales (zorros, rapaces), han creado las condiciones ideales para que los conejos se reproduzcan sin control, devorando cosechas enteras.

El conseller ha prometido «flexibilizar» esas restricciones, pero no ha detallado cómo ni en qué plazos. La experiencia de los payeses con la administración catalana no invita al optimismo: los cambios normativos en materia ambiental suelen requerir largos procesos de evaluación y consultas, y rara vez se traducen en medidas inmediatas sobre el terreno. Mientras tanto, los conejos siguen comiendo.

La credibilidad del plan: promesas pasadas y desconfianza presente

Los agricultores de Lleida han oído promesas similares en el pasado. El anterior conseller de Agricultura ya anunció un plan de control de conejos que, según las organizaciones agrarias, nunca se implementó con la contundencia necesaria. Las batidas autorizadas fueron insuficientes, los métodos de captura resultaron ineficaces y la burocracia para solicitar permisos de caza o desbroce siguió siendo un obstáculo.

El anuncio de Ordeig, por tanto, llega en un clima de escepticismo. Los payeses exigen resultados inmediatos: que se autoricen batidas masivas, que se eliminen las trabas para eliminar madrigueras y que se agilicen las indemnizaciones por daños. La promesa de un plan para agosto y compensaciones para otoño suena a un intento de ganar tiempo, mientras la cosecha de fruta de hueso (melocotón, nectarina, pera) está en plena recolección y los conejos campan a sus anchas.

La decisión de esta noche será, por tanto, un test de credibilidad para el conseller. Si los payeses desconvocan las movilizaciones, darán un voto de confianza al plan, pero con la advertencia de que estarán vigilantes. Si, por el contrario, deciden mantener la presión, el Govern se enfrentará a un nuevo escenario de protestas en pleno verano, con el riesgo de que la conflictividad se extienda a otras comarcas afectadas por la plaga.

Cierre: el reloj corre para el conseller y para el campo de Lleida

La crisis de los conejos en el Segrià y el Urgell no es un problema menor ni pasajero. Es la punta del iceberg de una agricultura que se ahoga entre la burocracia ambiental, la falta de rentabilidad y la presión de una fauna salvaje que, sin depredadores naturales ni control humano eficaz, se ha convertido en una plaga devastadora. El conseller Ordeig ha dado un primer paso al reconocer la gravedad del problema y anunciar medidas, pero la distancia entre las promesas y los hechos sigue siendo enorme.

Esta noche, los payeses de Lleida deciden si el plan de choque merece una oportunidad o si, por el contrario, la única forma de ser escuchados es volver a cortar carreteras. El Govern, por su parte, debería tomar nota de que la paciencia del campo se ha agotado. No valen más reuniones sin soluciones, ni planes que se diluyen en el calendario burocrático. La cosecha no espera, y los conejos tampoco. Si el conseller quiere evitar que la protesta se convierta en un conflicto permanente, tendrá que demostrar que su plan no es otro brindis al sol, sino una intervención real, inmediata y con recursos suficientes para devolver el control a quienes trabajan la tierra. La pelota está en su tejado, y el reloj corre.