El próximo 12 de agosto, Lleida desplegará un dispositivo de seguridad mastodóntico para el eclipse solar: cerca de doscientos profesionales entre policías, vigilantes, sanitarios y voluntarios. Un gasto de recursos para un evento de horas, mientras la ciudad sigue sin taxis y con barrios desatendidos. Las entradas gratuitas se agotaron en días, los hoteles están completos –cuando en agosto la ocupación habitual es baja– y miles de gafas homologadas esperan a los asistentes. Pero el mismo día, otra realidad: los taxistas denuncian que Lleida se queda sin servicio cuando hay macroeventos fuera, y los vecinos de los barrios periféricos claman por más vigilancia.

Un dispositivo de seguridad para la foto

La concejala de Seguridad, Cristina Morón, ha declarado a La Mañana que quiere que todo el mundo pueda disfrutar del eclipse con tranquilidad y que lo hacen desde la prevención. La prevención será total: corte de tráfico privado en la Seu Vella, acceso solo a pie o en autobús, plazas de movilidad reducida en Mangraners, y un parking para miles de vehículos. Los datos son elocuentes: las entradas volaron en cuestión de días; los hoteles de Lleida, que en pleno agosto apenas tienen ocupación, están completos para las noches del 11 y 12; el Ayuntamiento repartirá miles de gafas homologadas. Todo está pensado para que el eclipse sea un éxito de imagen. Pero, ¿qué pasa con el ciudadano que vive en los barrios de Lleida y no tiene billete para el espectáculo?

El mismo día, la otra cara: Lleida sin taxis

El 31 de julio, Segre publicaba una noticia que debería avergonzar a cualquier gestor municipal: «Grandes eventos como el festival de los Monegros dejan Lleida sin taxis: “Solo tuvimos dos o tres coches en servicio en la ciudad”». La denuncia de los taxistas es clara: cuando hay macroeventos fuera de la ciudad, los profesionales se desplazan allí donde hay negocio, dejando Lleida desabastecida. La consecuencia es directa: los vecinos que necesitan un taxi para ir al hospital, para volver de noche o para cualquier emergencia se encuentran sin servicio.

Este problema no es nuevo. La falta de taxis en Lleida durante los fines de semana y las noches de verano es un clamor popular. Pero cuando llega un evento como el eclipse, el Ayuntamiento es capaz de movilizar doscientos efectivos. ¿Dónde están esos doscientos agentes cuando un vecino de Cappont denuncia robos en su comunidad? ¿Dónde están cuando los comerciantes del Centro Histórico piden más presencia policial? La respuesta es incómoda: están reservados para la foto, no para el día a día.

El refuerzo en barrios: una promesa de manual

La Mañana recoge que el Ayuntamiento ha anunciado que reforzará la vigilancia preventiva en barrios y zonas residenciales durante el eclipse. Es decir, mientras doscientos efectivos custodian el evento principal, un puñado de agentes extra patrullará los barrios para que los vecinos no se quejen demasiado. Es la lógica del postureo: mover recursos de un lado a otro para que nadie note que, en realidad, la plantilla de la Policía Local sigue siendo la misma.

Los datos de seguridad ciudadana en Lleida son preocupantes. Las denuncias por hurtos y robos en viviendas han aumentado en los últimos meses, según las estadísticas del Ministerio del Interior. Los Mossos d’Esquadra reconocen que la falta de efectivos es crónica. Y la Policía Local, con una plantilla ajustada, no puede cubrir todos los turnos. En este contexto, destinar doscientos profesionales a un evento de un día es un lujo que la ciudad no puede permitirse, a menos que se trate de una operación de imagen.

La gestión de los recursos públicos: ¿prioridades o propaganda?

La pregunta que cualquier ciudadano de Lleida debería hacerse es: ¿cuánto cuesta este dispositivo? El Ayuntamiento no ha detallado el presupuesto, pero movilizar a doscientos profesionales durante horas implica horas extras, dietas, combustible y material. Mientras tanto, los taxistas denuncian que no pueden cubrir la demanda básica, y los vecinos de los barrios periféricos claman por más vigilancia nocturna.

El contraste es aún más sangrante si se compara con la gestión de otros eventos. El festival de los Monegros, que se celebra a pocos kilómetros de Lleida, deja la ciudad sin taxis porque los profesionales prefieren trabajar allí, donde hay más clientes y mejores tarifas. El Ayuntamiento podría haber negociado un servicio mínimo, pero no lo hizo. En cambio, para el eclipse, ha sido capaz de coordinar un dispositivo que incluye policía local, mossos, protección civil y voluntarios. La diferencia es de enfoque: unos eventos generan imagen, otros generan problemas reales.

El ciudadano de a pie: el gran olvidado

Mientras los turistas disfrutarán del eclipse con miles de gafas homologadas y un parking para miles de coches, el vecino de Lleida que no tiene entrada se quedará en casa, quizá sin poder coger un taxi para ir al médico, y con la misma sensación de inseguridad de siempre. Las plazas de movilidad reducida en Mangraners son un gesto, pero no solucionan la falta de accesibilidad real en el transporte público urbano, que sigue siendo deficiente en muchos barrios.

La concejala Morón afirma que el objetivo es que todo el mundo pueda disfrutar del eclipse con tranquilidad. Pero la tranquilidad no se improvisa. Se construye con políticas de seguridad sostenibles, con plantillas suficientes, con servicios públicos que funcionen todos los días del año, no solo cuando hay un evento mediático. El eclipse pasará, las gafas se reciclarán, los hoteles volverán a estar vacíos, y los taxistas seguirán yéndose a los Monegros. Y los vecinos de Lleida seguirán preguntándose: ¿dónde están esos doscientos agentes el resto del año?

Una reflexión de futuro: el postureo no paga las facturas

Lleida se merece eventos que pongan la ciudad en el mapa. El eclipse del 12 de agosto será, sin duda, un espectáculo inolvidable para quienes puedan asistir. Pero la gestión de los recursos públicos no puede basarse en la foto de un día. Si el Ayuntamiento es capaz de movilizar doscientos efectivos para un eclipse, también debería ser capaz de garantizar un servicio de taxis digno y una vigilancia constante en los barrios.

La ciudadanía de Lleida, especialmente aquellos que se sienten españoles y constitucionalistas, espera de sus gobernantes una gestión responsable, no propaganda. El eclipse será un éxito de público, pero será un fracaso de gestión si, al día siguiente, los titulares vuelven a hablar de falta de taxis, de robos en los barrios y de una policía local desbordada. Porque la seguridad no es un lujo para un día: es un derecho para todos los días. Y mientras el Ayuntamiento gaste recursos en postureo astronómico, los vecinos seguirán mirando al cielo, pero no para ver un eclipse, sino para preguntarse cuándo bajarán esos doscientos agentes a la tierra.