El incendio de Senet cumple su cuarto día de actividad y el Pirineo de Lleida vive una jornada de emergencia múltiple

A media tarde, los Bombers de la Generalitat pedían a los excursionistas que abandonaran la zona afectada por el incendio de Senet. Apenas unas horas después, un campamento de scouts en Alins era desalojado por la llegada de un frente de tormentas. Entre medias, miles de hectáreas confinadas y decenas de personas —muchas de ellas niños— sacadas de sus tiendas. La pregunta que flota sobre el valle es incómoda: ¿estábamos preparados para un día de riesgo simultáneo?

El incendio de Senet: miles de hectáreas confinadas

El incendio forestal de Senet, en el término municipal del mismo nombre, en la Alta Ribagorça, lleva cuatro días activo y se resiste a ser controlado. Según ha informado La Mañana, los Bombers de la Generalitat han solicitado formalmente que se abandone la zona afectada y han decretado el confinamiento de un área delimitada por el río Noguera Ribagorçana, los valles de Conangles y Besiberri, y los barrancos próximos al norte del incendio.

La razón del confinamiento no es el fuego en sí, sino la previsión meteorológica. Un nuevo frente de tormentas se aproxima a la zona y puede modificar el comportamiento de las llamas de forma impredecible. Los cambios de viento asociados a las tormentas secas —las que descargan poca agua pero mucha actividad eléctrica— son el peor escenario posible para un incendio que ya ha demostrado su capacidad para avanzar. Segre confirma que se ha pedido a los excursionistas de alta montaña que abandonen la zona, una medida preventiva para evitar que alguien quede atrapado entre el fuego y la tormenta.

El dato es contundente: miles de hectáreas confinadas. Y la zona afectada es uno de los enclaves más transitados del Pirineo leridano, con rutas de alta montaña que atraen a cientos de senderistas cada verano.

Desalojo en Alins: decenas de niños evacuados por el mal tiempo

Mientras el fuego de Senet acaparaba la atención, a decenas de kilómetros de distancia ocurría algo que demuestra la fragilidad de la seguridad en el Pirineo. Un campamento de scouts en Ainet de Besan, en el municipio de Alins (Vall de Cardós), ha tenido que ser desalojado por el mal tiempo. Según ha adelantado Segre, el aviso a los Bombers se produjo a media tarde y se activaron seis dotaciones para evacuar a decenas de niños de entre 7 y 18 años, junto a una veintena de monitores. En total, casi un centenar de personas, que han sido trasladadas al ayuntamiento de Alins con la colaboración del consistorio.

El desalojo fue preventivo, pero plantea una cuestión incómoda: ¿por qué un campamento de estas características no tenía un plan de contingencia más sólido ante una previsión de tormentas que ya se anunciaba? La Vall de Cardós es una zona de alta montaña donde las tormentas de verano son un fenómeno conocido y recurrente. No se trata de criminalizar a los responsables, que actuaron con rapidez al alertar a los servicios de emergencia. La cuestión es más profunda: en un territorio donde el riesgo de incendio y de tormentas extremas es estructural, la prevención debería ser la norma, no la excepción.

Dos emergencias, un mismo día: la Generalitat, al límite

La jornada ha puesto de manifiesto que el dispositivo de emergencias de la Generalitat trabaja al límite. Por un lado, el incendio de Senet, que lleva cuatro días consumiendo hectáreas y que ahora exige un confinamiento masivo. Por otro, el desalojo de Alins, que ha requerido la movilización de seis dotaciones de Bombers en un momento en que los recursos aéreos y terrestres están centrados en el fuego de la Alta Ribagorça.

La gestión de emergencias en el Pirineo trasciende lo meteorológico. Es una cuestión de planificación territorial y de recursos. Cuando un solo frente de tormentas obliga a confinar miles de hectáreas y a desalojar un campamento de niños el mismo día, la pregunta es inevitable: ¿está la administración catalana preparada para un escenario de emergencias múltiples? A la vista de los hechos, no del todo.

No se trata de una crítica gratuita. Los Bombers de la Generalitat han actuado con profesionalidad en ambos frentes. Pero la realidad es que el fuego de Senet sigue activo después de cuatro días, que el confinamiento afecta a la vida de los vecinos y a la economía turística de la comarca, y que la Generalitat ha tenido que desviar recursos para evacuar a un grupo de scouts. El sistema funciona, pero funciona al límite. Y cuando dos emergencias coinciden en el mismo día y en la misma comarca, la capacidad de respuesta se diluye.

El impacto para el ciudadano de Lleida

Para el ciudadano de Lleida, el impacto de esta jornada es directo. El fuego de Senet afecta a una zona de alto valor natural y turístico del Pirineo, y el confinamiento de miles de hectáreas altera la vida de los municipios cercanos y de los excursionistas que cada verano transitan sus rutas. El desalojo de Alins, por su parte, recuerda que la seguridad de los niños que disfrutan de campamentos de verano en la montaña depende de la previsión y de la coordinación de las administraciones. En ambos casos, la responsabilidad última recae en la Generalitat, que gestiona los Bombers y la protección civil.

La jornada debería servir de aviso. El Pirineo de Lleida combina un riesgo estructural de incendios con unas tormentas de verano conocidas y recurrentes. Las emergencias simultáneas demuestran que los recursos son finitos y que la planificación es esencial. La Generalitat debe reflexionar sobre la dotación de los Bombers en el Pirineo, sobre los planes de prevención de incendios y sobre la coordinación entre los distintos cuerpos de emergencia. Los ayuntamientos de las comarcas de montaña, por su parte, deben exigir que la prevención sea una prioridad, no una promesa electoral.

Mientras tanto, el fuego de Senet sigue activo y el frente de tormentas se aproxima. Los vecinos de la Alta Ribagorça y los excursionistas confinados esperan que el dispositivo funcione; los niños de Alins esperan poder volver a sus tiendas. Lleida espera que esta jornada de emergencia múltiple no sea el preludio de un verano de fuego y tormentas. Porque, como se ha demostrado este lunes, cuando el Pirineo arde y truena a la vez, la administración se queda corta. Y las consecuencias las pagan siempre los mismos: vecinos, niños y quienes confían en que el Estado esté a la altura.