Los regantes del Segre y del canal de Urgell han reclamado a la Generalitat los fondos comprometidos para modernizar el regadío de la provincia. La petición llega en plena campaña marcada por la escasez de agua y después de que las obras previstas sigan sin ejecutarse.
La cifra no es nueva. Aparece en los presupuestos de la Generalitat y en los compromisos públicos adquiridos con las comunidades de regantes de la provincia. Lo que falta es el dinero en las acequias. Los representantes del sector sostienen que el retraso compromete la viabilidad de explotaciones que dependen del agua para cerrar el ciclo productivo.
El canal de Urgell, pendiente de unas obras que no arrancan
El canal de Urgell riega una superficie que sostiene buena parte de la economía agraria de la provincia. La modernización pendiente incluye la mejora de acequias y la instalación de sistemas de riego más eficientes, capaces de reducir el consumo sin recortar la producción.
Los regantes advierten de que cada campaña sin obras es una campaña perdida. La sequía no espera a la administración. Y el calendario agrícola tampoco.
La Generalitat ha defendido en distintas comparecencias su compromiso con el regadío catalán, pero no ha concretado cuándo se ejecutarán los pagos pendientes. La consejería competente ha señalado que las actuaciones siguen su tramitación administrativa, sin ofrecer fechas cerradas.
El impacto para el campo de Lleida
La provincia de Lleida concentra una parte importante del regadío de Cataluña. Cooperativas, explotaciones familiares y la industria agroalimentaria asociada dependen de que el agua llegue en condiciones y a tiempo. Un retraso en las infraestructuras se traduce en menos producción, más costes y menos margen para quien trabaja la tierra.
Los regantes insisten en que no piden un favor. Piden lo que está presupuestado. La diferencia entre un compromiso firmado y una obra ejecutada es, en el campo, la diferencia entre una cosecha y un expediente.
La sequía aprieta y el calendario no perdona
La escasez de agua ha obligado a los regantes a ajustar dotaciones y a planificar con incertidumbre. Cada temporada sin las mejoras comprometidas deja a las explotaciones más expuestas a la próxima restricción.
El sector agrario de Lleida ha reclamado en repetidas ocasiones que las administraciones cumplan los plazos. La modernización del regadío no es un capricho: es la herramienta que permite producir más con menos agua. Sin ella, la sequía golpea dos veces, primero por la falta de lluvia y después por la falta de inversión.
La pelota está en el tejado de la Generalitat. Los fondos comprometidos siguen en los papeles. En el campo, la cuenta atrás ya ha empezado.
Fuentes consultadas
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